Mientras el país enfrenta su cuarto verano consecutivo de catástrofes forestales, la normativa que busca mitigar los siniestros sobrevive en un “coma inducido” por el Senado. Entre el uso estratégico del reglamento por parte de un Senado opositor y la incapacidad del Ejecutivo para forzar un despacho, la gestión política parece avanzar más lento que las llamas.
Chile vuelve a arder. Desde el viernes 16 de enero de 2026, una ola de calor extremo ha reactivado focos críticos en Ñuble y Biobío, repitiendo un ciclo de devastación que ya golpeó al Maule en 2023, a Valparaíso en 2024 y a La Araucanía en 2025. Sin embargo, el principal cortafuegos legal, la Ley de Incendios (Boletín 16335-14), sigue atrapada en el Congreso después de tres años de tramitación y un récord de 26 urgencias presentadas por el Ejecutivo que, en la práctica, han resultado estériles.
El laberinto del Artículo 152: La urgencia que no urge
El panorama legislativo revela una contradicción sistémica. El Artículo 152 del Reglamento del Senado es taxativo: en proyectos con urgencia, el debate debe cerrarse el último día del plazo legal y la sesión “no podrá levantarse antes de haberse despachado totalmente el asunto”. No obstante, este imperativo ha sido eludido sistemáticamente.
