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Reseña Geek. 100 años de Disney: el trauma generacional, la “inclusión forzada” y el “lobby progre”

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Vengo a ser polémico y quizá pudieron notarlo por el título, una amalgama de clickbait para llamar la atención de sectores ultra tóxicos de Internet… espero que funcione.

Cuando me comentaron sobre reseñar Disney, lo primero que pensé fue hacer algo relacionado a esas pelis o series que ya nadie recuerda pero que eran de mis favoritas cuando niño, es decir, habré visto 100 veces la película de Aladar el iguanodon gentil que debe llevar a su amiga Ema la estiracosaurio, una brontosaurio y un anquilosaurio que se comportaba como perro, y sí, no tuve que buscar esos nombres en internet, de chico lo único que quería era ser paleontólogo, era un completo nerd del jurásico.

Pude Revisionar cosas como Dinosaurio, El Planeta del Tesoro y otras como Goofy la Película, así como algunas series que también me daban la vida de niño ¿alguna vez oyeron la intro de Quack Pack? Derrocha demasiado estilo. Junto a la película de Max, el hijo de Goofy, y otros intentos desesperados de la compañía del ratón por acercarse a ese público rebelde y adolescente que, odiaba a la mamá de Malcolm (a la que ahora vemos como víctima), escuchaba a Blink 182 y a los Backstreet Boys al mismo tiempo, es que me pregunté ¿y que hay con las películas actuales?

Rebuscando en Disney Plus me encontré con una cinta animada que es desagradable desde su miniatura; ni sus personajes, ni su mundo, ni su trama o universo me invitaban a consumirla siquiera como producto palomitero. Un Mundo Extraño fue difícil verla hasta el final, pero principalmente por las ideas preconcebidas con las que había llegado a ella y las opiniones que me topé en su estreno y ¿saben qué? Es un bodrio.

Pero a pesar de lo anterior, la disfruté casi legítimamente. Obviando su trama gastada, sus personajes estereotipados y unidimensionales, de su mundo soso y aburrido, de su animación espectacular pero poco inspirada. Disney siempre ha querido ser la brújula moral del mundo entero, y porque no, del universo… de hecho, olviden el universo, los delirios megalómanos del ratón y Bob Iger ahora alcanzan tintes multiversales. Pero con Un Mundo Extraño la cosa era un poco menos sutil, y esto fue parte de las críticas, entre muchas otras, que motivan los principales temas de esta reseña a la compañía de Mickey Mouse.

Es un hecho que actualmente la nostalgia nos tiene atrapados en un vórtice de consumo increíblemente voraz del que no pretendo hacer eco ahora. Hasta hace un tiempo, era el primero en entusiasmarme con los trailers de los live actions, remakes y cualquier regreso en forma de chapitas. No obstante, este fetiche que existe por “lo pasado siempre fue mejor” ha llevado a perder la perspectiva de algunas cuestiones. A ver si me explico, La Sirenita de los 90 no es una graaaaan película como para que el remake sea considerado una ofensa al espíritu de la obra… EQUISDE.

Muchos de mis, voy a decirlo así porque vine a ser polémico, fachos favoritos, alzan el puño y la voz contra los intentos malvados de Disney por pervertir las obras originales, la esencia de estas y lo que es parte del imaginario colectivo (EQUISDE), en favor de una agenda (?) progresista que quiere convertir a los hombres en seres serviles sometidos a la dominación WOKE, ese concepot acuñado en Estados Unidos para referirse a todo lo que parece “progre”. Estoy hablando y creo que tod-s lo saben, de la inclusión forzada, famosa frase que se usa como punta de lanza para horrorizarse con la aparición de cualquier minoría con un papel protagónico y lo más triste es que, yo fui uno de ellos.

No voy a negar que este amiguismo y condecendencia que tienen las multinacionales hoy en día es increíblemente corporativista, la mala praxis contínua. En el 2022 hubo cierto revuelo por la controvertida ley “No digas gay” instaurada en Florida como un intento de socavar la educación sobre identidad de género en escuelas género el rechazo de Disney.

Para ser justos, desde que Iger asumió como guaripola de la compañía, ha dicho en reiteradas ocasiones que los productos culturales pueden ayudar a crear narrativas más diversas y ricas en contenido. A pesar de ello, y para no pasarnos de ingenuos, los ejecutivos habían preferido guardar silencio hasta que fueron los propios trabajadores los que alzaron la voz contra este tipo de medidas.

Desde ese entonces, Florida y las sedes de Disney World que se encuentran en el Estado, se han bombardeándo mutuamente, tanto así que DeSantis, gobernador de Florida miembro del partido repúblicano junto a la cámara de representantes, han intentado por todos los medios quitarle la capacidad de autogobierno a los parques de Disney dentro de Orlando.

Pero a ver, yo estaba hablando de Un Mundo Extraño ¿qué pasó? Retomemos. Las críticas a este film, muchas a las que adhiero, sugieren que el mensaje está por encima de la trama, del desarrollo y del universo. Yo prefiero matizar, es decir, creo que esto del trauma generacional es una cuestión que va a perseguir a Disney por siempre, pero son decisiones empresariales que tienen mucho sentido pensando que en general estas películas están pensadas para toda la familia.

Lo anterior no es nuevo. Muchos alegan que es un tropo gastado y tienen razón, es quizá uno de los conflictos narrativos más aprovechados por Mickey y sus amigos; viernes de locos, Goofy la película, los hechiceros de Waverlyplace, el Rey León, la Sirenita, y en menor medida, Tarzán, el Planeta del Tesoro, Star vs las fuerzas del mal y la lista se extiende. El trauma generacional es casi parte integral de los temas que Disney aborda en sus productos, y como no puede ser de otra forma, se adapta a las épocas y generaciones, sus necesidades y problemas.

Es más, habiendo visto Goofy la película y Un Mundo Extraño, son muchos los paralelismos que podemos encontrar entre ambas. En Un Mundo Extraño, Searcher Clade (muy poco sutiles con los nombres) resiente a su padre, el aventurero Jeager Clade por haber antepuesto sus metas y sueños a la familia, haberlo abandonado sin siquiera mirar atrás.

Por otro lado, Max se avergüenza de Goofy y también lo reciente, es un adolescente que intenta impresionar a todo el mundo y que se ha distanciado de su viejo, ya que, como tod-s sabemos, Goofy no es el personaje con más onda de Disney. Hay un giro interesante aquí y es que, si Max tiene pesadillas con llegar a convertirse en Goofy, Searcher teme perder a su hijo Ethan, quien es más osado y a ratos le recuerda a la figura de su padre.

Quiero aprovechar Un Mundo Extraño para desarrollar los temas  que quería abordar en esta publicación porque creo que, aun siendo una película mediocre, reúne muchas de las características por las que Disney es tan criticado hoy en día. Más allá del tropo “mamá/papá e hijo/á/e no se entienden” uno de los personajes del film, en concreto, Ethan, es abiertamente gay lo que, al igual que pasó con Lightyear, escandalizó a las personas de bien que flameaban la bandera “con mis hijos no”.

A Disney se le ha criticado mucho esto de “la inclusión forzada”, término que me parece nefasto para una práctica que puede ser muy corporativa pero que se agradece en una industria que a ratos sigue oliendo a viejo.  Para mi sorpresa, y si bien falta mucha información que recabar, por lo menos en los ejemplos que pude observar, es una práctica que tiene sus años. Cuando revisioné Cuack Pack y Dinosaurio, pude notar que había personajes en posiciones atípicas para la época y que no perjudican en nada la percepción del producto.

La serie de Hugo, Paco y Luis nos presenta a una Daisy empoderada, con un corte de pelo muy moderno, con una profesión y actitud bad ass que le queda perfecta. No solo se conforman con eso, sino que abiertamente expresan que Donald es su ex y si bien, hay personajes muy sexualizados como una robot asesina, también es un personaje súper carismático. No es que la serie sea brillante, pero creo que al igual como ocurre con la Goofy Película o recreo, había un espíritu rebelde, motivado por los billetes, que no suscitaba tantas críticas.

Tal como hablé en la reseña sobre los cartoons de los 2010, una década antes de eso, lo que la llevaba era otra cosa, mucho menos absurda. Eran más comunes los productos centrados en personajes con actitudes desenfadas o vidas suburbanas más “cool”; Hey Arnold, los Rocket Powers, Rugrats, Recreo, Doug o hasta la serie de los 101 Dalmatas querían capturar esa “disconformidad” con el sistema (irónico, y para más información leer realismo capitalista) o por lo menos el estilo. Tal como había pasado con el punk años antes, o con el rock, pareciera que todo lo que se concibe como contra cultural, termina siendo cultural en algún momento.

Lo que quiero expresar con todo esto es que actualmente ocurre lo mismo. El famoso lobby proge, o el lema que los más conservadores enarbolan de “go Woke, go broke” es un síntoma de este fenómeno, asociado como no, a que en este sistema no podemos tener nada lindo sin que se convierta en algo que haya que explotar hasta su último aliento. Le pasó a Los Simpsons, a South Park (spoiler de la próxima reseña) y le está pasando a los intentos de la industria por acercarse a comunidades y sectores históricamente marginados.

No vamos a negar que hay intentos por ser más inclusivos que salen desastrosos, pero en ningún caso es porque ahora este de moda, o que todos los personajes o son mujeres, gays o afrodescendientes. Es porque detrás de estas obras hay ejecutivos, inversores e intereses que limitan la capacidad creativa de cualquier cosa medianamente interesante que se les presente.

Querámoslo o no, Disney y su imperio intergaláctico son parte del acervo cultural del mundo entero y como tal deberían darle cabida a todas las historias imaginables. Ojalá no fuera solo como mera forma de capitalización fácil de nuevos nichos o mercados, pero eso sería pecar de ingenuos.

Va a ser muy difícil ver obras realmente distintas mientras estos señores con traje no dejen de mirarse el ombligo y tengan que crear conflictos adolescentes sobre bullyng y el mariscal de campo incluso en películas como Avatar 2, que se supone está inspirada en culturas radicalmente distintas a la gringa.

Mientras nada de esto ocurra, por mi parte seguiré dándole una oportunidad a cada cosa que salga de la industria del ratón porque hay joyas que merecen la pena ser vistas y preservadas. Muchas gracias por leer hasta aquí, la próxima semana habrá otra reseña y hasta entonces, un abrazo enorme.

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