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Editorial de Tres Puntos: El ráting del orden, cuando la fiscalización se vuelve show

Ayer, Peñalolén volvió a estar en la palestra por el retiro de vehículos en Lo Hermida. Y no se trata de un hecho aislado. Desde que asumió la nueva gestión, se ha vuelto cada vez más habitual ver operativos acompañados de prensa en vivo, convertidos una y otra vez en pauta para exhibir gestión municipal.

Desde Tres Puntos creemos que una cosa es fiscalizar y otra muy distinta es transformar procedimientos que afectan directamente a vecinas y vecinos en espectáculos comunicacionales. La presencia en terreno de una autoridad no basta por sí sola si esa presencia no va acompañada de criterio, contexto y respeto por la realidad social del territorio.

La reacción de uno de los vecinos involucrados no fue la adecuada y debe ser condenada. Ninguna agresión contribuye a resolver un conflicto. Pero también corresponde decir con claridad que, en este tipo de escenarios, los vecinos terminan muchas veces pisando el palito y entregando a la prensa el material perfecto para prolongar el relato de la agresión, las querellas y la polémica, mientras el fondo del problema queda relegado a un segundo plano.

Para muchas familias, esos vehículos no son un lujo ni una simple postal del desorden. Son herramientas de trabajo. Son parte de una economía popular que ha existido históricamente en nuestros barrios y que ha permitido a miles de familias salir adelante con esfuerzo y dignidad.

El cacerito, la cacerita, la feria barata. Todos crecimos viendo a las y los feriantes recorrer las poblaciones con sus vehículos de carga, sacándose la cresta para trabajar. Pero ahora molesta el auto. Ahora lo que incomoda no es el abandono, sino la imagen. Mientras la feria servía, era parte del barrio; hoy algunos la miran desde arriba, como si no supieran de dónde salieron.

Por supuesto, los vehículos deben tener su documentación al día y, si no es así, deben ser retirados. Eso no está en discusión. Lo que también sabemos es que los vehículos de trabajo vinculados a la feria pueden confundirse con autos realmente abandonados, porque así ha sido históricamente en muchos barrios. Esa realidad requiere criterio, no solo exposición pública.

También preocupa profundamente que en medio de estos procedimientos terminen expuestas escenas que no deberían normalizarse. No es menor que una niña haya terminado llorando en medio de todo este operativo, expuesta incluso a la televisión nacional. Tampoco puede pasarse por alto el uso de gas pimienta en las afueras de una sala cuna, en un entorno especialmente sensible donde debiera extremarse el cuidado. Cuando una comunidad vive una situación de tensión y esa tensión es transmitida, amplificada y convertida en contenido, el límite entre fiscalización e intervención mediática empieza a desdibujarse. Y allí quienes más pierden suelen ser, una vez más, las propias vecinas y vecinos.

A eso se suma otro punto que también merece atención: la exposición y el riesgo al que se ven empujados los propios funcionarios de seguridad ciudadana en este tipo de procedimientos. Cuando una fiscalización se convierte en show, no solo se tensiona a la comunidad; también se sobreexpone a trabajadores que terminan en la primera línea de conflictos altamente sensibles, muchas veces cargando con costos que responden más a decisiones comunicacionales y políticas que a criterios de cuidado, prevención y resguardo.

Desde el inicio de la nueva gestión, Tres Puntos informó al municipio que no cubriría este tipo de pautas. Lo hicimos porque entendemos que la labor de un medio comunitario no es amplificar montajes comunicacionales ni contribuir a la estigmatización de los barrios, sino abrir espacio a las voces del territorio, representar a sus comunidades y aportar a recomponer la cohesión social.

También creemos que buena parte de la comunicación de los medios tradicionales hace rato dejó de representar a una parte importante de la población. En vez de ayudar a comprender la complejidad de los barrios, muchas veces opta por reforzar caricaturas, simplificar conflictos y convertir la vida cotidiana de las poblaciones en una escenografía útil para el rating y la agenda del día.

Peñalolén no puede seguir transformándose en un show mediático donde las y los vecinos terminan siendo los más expuestos y perjudicados. Pero tampoco donde funcionarios municipales y de seguridad ciudadana queden innecesariamente expuestos en procedimientos cada vez más tensionados. Ordenar una comuna no puede equivaler a convertir cada operativo en un espectáculo. Fiscalizar no debiera implicar estigmatizar. Mostrar gestión no puede hacerse a costa de la dignidad de los barrios ni del resguardo de quienes intervienen en ellos.

Mucha gente podrá estar de acuerdo o no con esta mirada, y precisamente de eso se trata una editorial: de abrir discusión, de poner un punto de vista sobre la mesa y de defender una convicción. La nuestra es clara: las comunidades merecen respeto, contexto y una comunicación que esté a la altura de su dignidad, no un show construido sobre su exposición.